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Baraldini, la impunidad y el desafío a la justicia

Por Publicado Noviembre 03, 2018
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por Gustavo Silvestre

 

Luis Baraldini debe volver a la cárcel o los jueces asumir un criterio más restrictivo con la prisión domiciliaria que cumple en el marco del juicio de la Subzona 14 II. Ya pasó el tiempo en el que el exjefe de policía de la Dictadura era amo y señor de la vida de las personas en La Pampa.


El año pasado el Tribunal Oral Federal rechazó el pedido de prisión preventiva de los otros acusados en el juicio y benefició con la domiciliaria a Baraldini con el argumento de que tiene más de 70 años.


Esta semana, Baraldini cometió dos provocaciones. En primer lugar, viajó en colectivo a Capital Federal, al médico, sin custodia. Luego, su abogado denunció a los militantes y a periodistas por el escrache que le hicieron en la terminal de Santa Rosa y después intentó intimidar a la fotógrafa en la audiencia durante la que declaró en indagatoria por tercera vez echándole la culpa a un muerto por la represión ilegal.


El represor demuestra que se mueve con impunidad y sin arrepentimiento. Es más, se siente orgulloso del rol que ocupó en la represión.


Baraldini no es cualquiera. ¿Quién es Baraldini?


En los meses previos al golpe era oficial de inteligencia del Regimiento de Toay, compadre del sanguinario Ramón Camps. Luego fue el temible jefe de Policía de la dictadura que se paseaba en allanamientos e interrogatorios con inconfundibles botas de caña alta.


En Democracia, fue condenado por participar en el levantamiento de los carapintadas y luego indultado por el presidente Eduardo Duhalde en 2002.


Con la reapertura de los juicios de lesa humanidad, se fugó a Bolivia, donde participó de un complot que pretendía asesinar al presidente Evo Morales.


Baraldini no tiene condena por la represión en La Pampa. En 2010 eludió a la justicia, se mantuvo prófugo para no sentarse en el banquillo de los acusados en el primer histórico juicio a los represores pampeanos.


En el juicio que se lleva adelante desde el año pasado está acusado de secuestro y torturas de 214 víctimas, además de asociación ilícita. Tiene pendiente también un tercer juicio por otras víctimas y por personas que sufrieron ataques sexuales durante su cautiverio en la dictadura.


¿Puede seguir en su casa Baraldini?


¿No tiene los medios para volver a fugarse teniendo en cuenta falta poco para que haya sentencia, a fines de diciembre?


¿Quién puede garantizar que no pueda seguir intimidando a las víctimas?


¿Quién se hace responsable de que no pueda acceder a un arma y poner en riesgo la seguridad de otras personas?


Uno de sus abogados defensores, Omar Cayre, su yerno, dijo que el juicio “es un circo”. Ese es el respeto que tienen por la justicia y los jueces que lo beneficiaron reconociéndole el derecho a la prisión domiciliaria.


Ese derecho tiene límites y condiciones. Baraldini los desafía desde su sensación de impunidad.


¿No es el momento de que los jueces asuman un gesto de autoridad, se pongan los pantalones largos, y revoquen la decisión que tomaron en su momento?

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