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Feminismos, derechos, hegemonía y emancipación

Por Publicado Junio 23, 2019
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Para la columna "Rescates", del programa Tu tiempo mujer, escribe Liliana Ottaviano, licenciada en Psicología, especialista en Salud Mental Comunitaria y Magister en Salud Pública. Docente del Seminario Extracurricular de Posgrado Derechos Humanos, Sujeto y Emancipación,  que se dicta en la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam

 

"No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para poner en cuestión los derechos de las mujeres. Estos derechos nunca son adquiridos deberéis permanecer alerta durante toda vuestra vida". Simone de Beauvoir

Mi apuesta personal de un tiempo a esta parte está vinculada a la relación psicoanálisis y política, relación que muchas veces ha devenido en un sintagma que intenta velar el carácter novedoso e innovador de la confluencia de los dos términos: psicoanálisis y política.Desde esta coordenada parte el intento de cernir o analizar de lo que está en juego cuando hablamos de feminismos y derechos, convencida que siempre se tratará de una apuesta sin garantías, tal como ocurre cuando intentamos atrapar con nuestras referencias teóricas aquello que se nos presenta sustrayéndose la mas de las veces en su verdadero alcance.

 

 

¿Qué tiene para decir el psicoanálisis a la política?

 

 

A los fines de este artículo tomaré algunas de las ideas que al respecto desarrolla Timothy Appleton. Podríamos decir que el ejercicio de un pensamiento crítico constituye una praxis política. Con lo cual el psicoanálisis es portador de un pensamiento hiperpolítico, que encuentra en Lacan su más importante renovador luego de Freud. Tomar su referencia es imprescindible para pensar la política en nuestro tiempo desde nuevas coordenadas que conmocionan el campo de la teorías sociales y políticas clásicas.

 

 

¿Qué del feminismo para la política?

 

 

Feminismo pensado “más allá” de la igualdad, “más allá” de lo que atañe al derecho. Feminismo que ha hecho pie en lo discursivo, pero también en las calles. Feminismo que es reclamo, pero también es propuesta. Feminismo que no se pretende un universal, sino que está dispuesto a alojar toda la diversidad y las disidencias en materia de sexos, de género y de decisiones.Feminismo que se rige por la lógica no-todo de la que nos habla Lacan, cuando desarrolla sus fórmulas de la sexuación, donde introduce dos lógicas de funcionamiento diferente del sujeto respecto de la función fálica. Del lado masculino rige la lógica del todo y de la excepción (rige el universal y todos los hombres están afectados por la castración) mientras que del lado femenino rige la lógica del no-todo.

 

 

Cada ser parlante, dirá el propio Lacan, puede situarse a uno u otro lado de las fórmulas. Lacan revierte la desvalorización de la mujer freudiana afectada por la incompletud, y la ubica en relación a la función fálica de un modo diferente. La consecuencia de esto es en una lógica no-todo que se caracteriza por lo ilimitado, es abierta, no forma clase. La mujer no existe como universal, solo puede hablarse de una por una.Feminismo que sabe que la emancipación se juega en el terreno personal pero que fundamentalmente es un proyecto político. "Lo personal sigue siendo político. La feminista del nuevo milenio no puede dejar de ser consciente de que la opresión se ejerce en y a través de sus relaciones más íntimas, empezando por la más íntima de todas: la relación con el propio cuerpo”, esta frase de Germaine Greer, una de las feministas más leídas en todo el mundo, subraya la necesidad de retornar a una de las convicciones más profundas y revolucionarias de un movimiento de liberación que ha cambiado la faz de las sociedades modernas, nos dirá Kate Millet en una de sus producciones.

 

 

Las luchas políticas y sociales de las mujeres para alcanzar una posición más justa y equilibrada en el mundo, no han cesado. El feminismo, sin embargo, ha sufrido importantes transformaciones, tantas como sus convicciones e interrogantes acerca de qué es ser mujer. Las feministas, en su propio esfuerzo de definición, han llegado a saber algo acerca de las mujeres en el desgarramiento que padecen sin alcanzar una respuesta universal.La misma falta de respuesta con la que se encontró Freud hace más de ochenta años al pretender responder a la pregunta acerca del deseo y el goce femenino con parámetros universales. Siendo así que el feminismo no apunta solo a la igualdad de la mujer, sino que es el movimiento que mejor representa el conjunto de avances sociales en el siglo XXI, arriesgo nuevamente a decir que ha advenido o está adviniendo como el nuevo sujeto político.

 

 

La colectiva feminista es también, un espacio de tensiones agonistas al decir de Chantal Mouffe. El ‘agonismo' supone un conflicto entre semejantes pero adversarios a la vez, quienes comparten determinados valores, objetivos, luchas; pero difieren en cómo los interpretan, los organizan, y los representan en el terreno de las disputas, Mouffe llama a esto «conflicto consensual». Este es el campo de la política por definición. Campo de fuerzas, de tensiones y de disputas. Forma de construir la política entre “iguales” diferentes y singulares. Quisiera traer aquí una cita de Jorge Alemán, en “Horizontes Neoliberales en la subjetividad”: “lo nuevo entra en la historia a través del acto instituyente y el acto instituyente está siempre llevado a cabo por un colectivo de singularidades que he designado en mis textos bajo el nombre de Soledad:Común, porque son tanto singularidades como que operan en el común de la lengua y vuelven a ser otro nombre de lo inapropiable, así como dije que el sujeto en su singularidad era inapropiable, ahora digo que un acto instituyente es también otro nombre de lo inapropiable...”

 

 

Si la colectiva feminista se está adviniendo como la nueva sujeta política capaz no sólo de cuestionar el sistema patriarcal (sistema del que participan todas las violencias, todas las discriminaciones y todas las explotaciones y que está construido sobre el cuerpo de las mujeres) sino de poner patas para arriba la cultura machista que nos oprime, si las mujeres somos capaces de decidir sobre nuestros cuerpos, y alojar todos los matices de la diversidad, estamos haciendo de "lo político" un acto instituyente.Este acto instituyente es un mortal peligro para el sistema y la cultura patriarcal. Entendiendo que cuando se habla de “patriarcado” no debemos pensarlo sólo como un sistema de dominación heterosexual, sino como sistema de opresión política y económica. Será determinante poder pensar el acto instituyente, en su lógica discursiva como así también en el sujeto que sea capaz de sostenerlo. “Para poder abrir todas estas discusiones- dirá Alemán en "Horizontes neoliberales de la subjetividad"- es necesario distinguir las relaciones de poder, las construcciones de subjetividad y la posición del sujeto.”

 

 

La emergencia de las ultraderechas, que cuestionan la existencia de la violencia machista y pretenden borrar los derechos conquistados por las mujeres y las disidencias sexuales, se ha transformado en la actualidad del malestar en la cultura que se manifiesta hoy en día por el odio al Otro; sus expresiones y manifestaciones se observan no sólo en el resurgimiento de nacionalismos, fanatismos religiosos, racismo y diversas formas de xenofobia, sino también hacia las mujeres en tanto éstas se presentan como no-semejante produciendo un efecto de “amenaza” a la idea de universalidad que la globalización pretendía como modelo de uniformidad identitaria funcionando como obturación de la singularidad especialmente del goce (Miller J.).  En definitiva, ¿qué del psicoanálisis para pensar este nuevo sujeto político? Para ello primero haré andar tres interrogantes introductorios.

 

 

¿Qué lugar tiene el psicoanálisis con su ética?

 

 

La globalización encuentra en esta fase tardía del capitalismo el territorio más fértil. El neoliberalismo no es solo una ideología, es un dispositivo de poder. "El neoliberalismo se extiende no sólo por los gobiernos, circula mundialmente a través de los dispositivos productores de subjetividad”, dirá Alemán. Es el contexto donde estamos escribiendo el texto político de estos tiempos. Y donde las ultraderechas, de un lado y otro del mar, están produciendo su marca indeleble, su trazo grueso y fuerte, con el que pretenden construir un nuevo sujeto que demanda mano dura y eliminación de toda diferencia. Que no respeta las diferentes formas del goce de cada sujeto. Que castiga el goce del otro. Es un odiar, un no soportar el goce del Otro. Y más aún, podríamos agregar se odia la manera particular en la que se imagina el goce del Otro. La ética del psicoanálisis nos orienta al respeto más absoluto por la singularidad, por la diferencia, por los diferentes modos de gozar.

 

 

¿Qué es el sujeto del psicoanálisis?

 

 

Este interrogante lo responderé desde la instancia ontológica o estructural, a la que llamamos primera dependencia. Para Lacan el ser vivo deviene sujeto a través de la captura de la lengua, de ese modo emerge el sujeto dividido como tal. Así el sujeto está fracturado por su inscripción en el lenguaje. Es capturado por la palabra, esta captura supone una impronta, singular y propia (el parlette). Todo ser parlante pasa por este vacío constitutivo que nunca se va a colmar a pesar de que el sujeto intente velarlo sintomáticamente. El ser hablante sexuado y mortal nunca será representado en su totalidad por el lenguaje. La segunda dependencia es la que hace a la dominación socio histórica, es la que hace a la subjetividad de cada momento y se va trasformando según los condicionantes epocales.

 

 

¿Qué de las malas noticias?

 

 

Si las malas noticias que el psicoanálisis tiene para la política es que no hay sujeto histórico, no hay leyes de la historia, no hay revolución, hay gestar proyectos emancipatorios capaces de articular las diferentes demandas equivalenciales, por parte de un nuevo sujeto político que debe advenir continuamente, sin negar las malas noticias.Al decir de Jorge Alemán, la emancipación no cuenta con ninguna ley histórica que asegure que va acontecer, es una apuesta sin garantías que no cuenta con ningún sujeto político constituido, sino que debe advenir. El sujeto emerge a partir de prácticas instituyentes en el común de la lengua y articulando voluntades colectivas.

 

 

Y este será tal vez el desafío mayor de la colectiva feminista para no ser pensadas como suele escribirse y decirse por ahí: “las mujeres son un nuevo sujeto político” siendo visibilizadas solamente en términos de posibles votantes de políticas que reproducen el sistema que estamos haciendo tambalear hasta caer, “si sólo se entregan al cálculo electoral y prescinden de su legado ético y político pierden su filo cortante, su verdad y su razón de ser”, dirá Alemán al referirse a los proyectos emancipatorios que quieren llegar a las mayorías.

 

 

Habrá que asumir una apuesta sin garantías en la que muchas veces se revelará que la hegemonía se construye a partir de cohabitar la dispersión de un espacio que en sí mismo es un territorio en disputa. El feminismo será entonces, lo político en tanto acto instituyente. No una moda y mucho menos un privilegio de las mujeres blancas, intelectuales y burguesas. Las actuales condiciones de vida -materiales y simbólicas- de muchas mujeres exige pensar desde la colectiva feminista un proyecto emancipatorio social, cultural, personal, político y económico.  A modo de cierre cito nuevamente a Jorge Alemán “conectar la política con la vida real implica que la misma es travesía, construcción, articulación, de una heterogeneidad que no siempre toma la dirección que anhelamos, pero que sin ella no habría nada que oponer como Hegemonía al régimen del Capital”.

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