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Facundo Cubas, un juez con la camiseta de la complicidad

Por Publicado Octubre 14, 2017
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por Cintia Alcaraz

 

Facundo Cubas, el juez federal que cabeceó el centro macrista y ordenó la detención del militante Anibal Prina, cuenta con algunos antecedentes interesantes de compartir. En La Pampa, no es nombre que repiquetee habitualmente en los medios de comunicación. Sin embargo, durante las últimas elecciones PASO, el magistrado fue noticia porque, de manera inédita,  se encargó de recortar las posibilidades  de lxs trabajadorxs de prensa  de hacer la cobertura habitual de la jornada democrática. Con argumentos de ciencia ficción, dictó una resolución en la que se impedía al periodismo estar en los lugares de votación una vez iniciado el  escrutinio. El juez afirmó que la prensa “molesta a las autoridades de mesa” y que su orden obedecía a proteger el derecho a la salud de estas personas. Nunca visto ni escuchado.  Un verdadero cercenamiento a las libertades laborales, al derecho a informar y a recibir información del acto público más importante de nuestra democracia.

 

Pero Facundo Cubas, antes de ser el Juez Federal de La Pampa, fue juez de instrucción porteño. Durante su estadía  en ese sillón, tuvo actuaciones memorables. Una de ellas ocurrió cuando interpretó que la golpiza que había dejado ciego a un preso, y que tenía como autor al jefe de requisa del Penal de Devoto, no alcanzaba para imputar el delito de lesiones gravísimas. Cubas, a fines de los 90, entendió que el penitenciario  Hugo Sbardella había dejado ciego a un joven de 22 años por  exceso de legítima defensa. Esta decisión permitió acortar los plazos de prescripción y, una vez alcanzada la meta, Sgarbella continuó con su carrera sin ningún inconveniente. Tanto así que, en 2007, casi casi llega a ser el director de la cárcel de Devoto, donde era conocido como “el carnicero”.

 

Entre el ‘98 y el ‘99, Sbardella era jefe de requisa en la misma cárcel donde ahora debería haber asumido si los organismos de DD.HH. no levantaban la perdiz. El 31 de mayo del ‘98, el pelotón de requisa de Devoto, con su jefe a la cabeza, entró a uno de los pabellones. Según los testimonios de ese momento, Gabriel Darío M., por entonces de 22 años, desconocedor de las reglas cotidianas como todo preso primario, se puso de pie junto a su catre pero de frente al pelotón, en lugar de colocarse contra la pared y de espaldas al pasillo. Los del pelotón lo apalearon lindo con sus bastones. Los testimonios de los presos pudieron individualizar al Carnicero y a otro penitenciario luego retirado del servicio. Gabriel M. quedó ciego por los golpes. La causa recayó en el juez de instrucción porteño Facundo Cubas que, después de un tiempo, la archivó por falta de pruebas.”, contaba el periodista Horacio Cecchi en una nota en Página 12, en el año 2007.

 

Pero Cubas tuvo otras actuaciones memorables y de complicidad con el poder represivo. El caso de Kiki Lezcano, un pibe de 17 años, asesinado por la policía en la Villa 20 de la ciudad Buenos Aires  y que quedó impune el 27 de junio, cuando absolvieron al ex efectivo policial Santiago Veyga, había contado con la participación indispensable del hoy juez federal  en nuestra provincia. 

 

Angelica, la madre de Kiki, en una entrevista otorgada a la Agencia Paco Urondo, contó que: "El 13 de julio de 2009, días después del asesinato, el juez Facundo Cubas tenía la identificación de Kiki y Ezequiel. Tenía sus nombres y apellidos y no lo informó a las familias. Esa fue la primera vez que él obró con impunidad en la causa.”

 

Cubas  también enterró a Kiki como NN y justificó un video de tortura que muestra a Kiki agonizando: “Los policías pueden filmar la escena del hecho”.

 

Facundo Cubas, el juez federal que tocó en gracia a lxs pampeanxs, es el botón de muestra, la garantía de impunidad de los poderes represivos del Estado. El del tiki tiki con la gorra.  Por eso, no llama la atención el desmedido e irrazonable operativo para detener al  profesor Anibal Prina. Tampoco el hecho de que la Ministra de Seguridad tuviese una fotografía del “patotero”, sentado con las esposas puestas, mientras declaraba, aún con la presunción de inocencia a su favor. 

 

Foto: El Diario de La Pampa

Visto 2830 veces Modificado por última vez en Sábado, 14 Octubre 2017 12:24

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  • "El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza". Rodolfo Walsh