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2017: La Desgracia

Por Publicado Diciembre 29, 2017
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Por Juan Pablo Gavazza

 

Los quinieleros lo saben: el 17, en el listado de los sueños que siempre significan un número, es La Desgracia.

 

Se cierra 2017 como uno de los peores años que recuerde la democracia argentina: muerte, violencia, impunidad, represión fatal y perspectivas de que vaya en ascenso, abuso sobre los que menos tienen, una importante porción de la sociedad adormecida por el veneno de los grandes medios porteños, un Estado nacional decididamente copado por sectores enriquecidos y corruptos y una estafa electoral que facilita –de la mano de otros factores– el respaldo a esas ideas retrógradas que propician y ratifican la desigualdad. Hasta el Fútbol Para Todos se llevaron este año.

 

Como toda desgracia tiene su contracara, en La Pampa –donde las ondas nacionales suelen llegar con retardo– cunde la buena noticia a modo de propaganda que augura el regreso de algún caudal del río Atuel. Pero Santa Rosa es un río de mierda.

 

Mientras, el Poder Judicial –en el mismo tono que en todo el país- dispone que el máximo ícono de la dictadura en La Pampa, Luis Baraldini, deje la cárcel y se instale en su domicilio como Pancho por su casa. Lo mismo que como frutilla del amargo postre 2017 conocimos en las últimas horas con Etchecolatz.

 

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Un año de terror, en el que hubo que salir a las calles para que la época instalara como natural el 2x1 a los genocidas que firmó la Corte Suprema de Justicia, y ante el que se despertó una imponente movilización popular.

 

Como toda desgracia tiene su contracara, las Abuelas siguen encontrando nietos y en esa lucha cargada de amor contra el peor secuestro, este año recuperaron –entre [email protected]– a la hija de Lucía Tartaglia, un monumento a la vida.

 

DESAPARICIÓN Y MUERTE. Santiago Maldonado murió en este 2017 como consecuencia de una represión de la Gendarmería. Poco después –en el mismo sur del país donde los amigotes del gobierno nacional agitan negocios fáciles con la tierra para multiempresarios¬– Prefectura mató por la espalda a Rafael Nahuel.

 

En ambos casos, una misma lógica de los uniformados y del poder político, que sobreactuó protección a los asesinos, garantizó cuidado a los criminales e hizo todo lo posible para manipular y ocultar datos que aportaran al esclarecimiento.

 

En las manifestaciones populares, los gendarmes aprovecharon la actualidad, la zona liberada y las manos libres para una nueva forma de amenaza verbal: “te vamos a hacer desaparecer”.

 

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HAY QUE MATARLOS A TODOS. Además de la complicidad del funcionariaje, la muerte de los perseguidos y perdedores contó en el año de La Desgracia con el aval de una porción social que disfruta de la represión estatal y pide emocionada más mano dura, discriminación y desaparición de lo distinto.

 

Hay que matarlos a todos. Aunque sea por la espalda, como a Rafa Nahuel.

 

CORREPI le puso números a La Desgracia de 2017: hubo más de un muerto por día a raíz de casos de violencia institucional. En La Pampa el increíble ministro Juan Carlos Tierno sigue comandando una Policía que bate records: hay más de 1.000 acusados por casos de violencia institucional y adyacencias.

 

 

CAJAS BOBAS, CAZAGLOBOS. La venganza de las clases ricas y acomodadas cuenta con el combustible insaciable que brinda la patria mediática, que agita ese discurso estigmatizador minuto tras minuto en las pantallas que mira la masa, y que derrama en las tapas que lee la gilada.

 

Eso es una época patética: más allá de los datos concretos que describen las injusticias y la inequidad, un inusitado nivel de cinismo, perversidad, insensibilidad, mentira –todo eso ahora llamado “posverdad”– que se instala como una especie de sentido común en buena parte de la ciudadanía.

 

Como toda desgracia tiene su contracara, en 2017 también se fortaleció el papel de los medios comunitarios, populares, alternativos, cooperativos, sin fines de lucro: es una lucha, granito de arena sobre granito de arena, cuyo florecimiento genera conciencia entre poblaciones y personas que aspiran a una comunicación más humana.

 

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BOTONES DE MUESTRA. El nivel de miliqueada que reina en el país, al concluir este 2017, es inédito en la democracia argentina: se naturaliza un discurso facho que se extiende por calles, comercios, escuelas y oficinas.

 

Como toda desgracia tiene su contracara, en las calles también resuena la rebeldía ciudadana contra ese régimen, a veces de manera organizada, en otras ocasiones de modo más espontáneo y menos sistemático. Pero los bolsones de resistencia están, se ven, se escuchan.

 

Una contracara de la desgracia fue en este 2017 que la muchachada de Chakra Raíz logró “ablandar” el corazón del Poder Judicial, para que comprendieran que elegir una forma de vida no es delito.

 

ARRIBA LAS MANOS: ESTO ES UN ASALTO. El año de La Desgracia fue también el del saqueo a la luz del día: con represión, censura y Banelco, el macrismo se aseguró manos alzadas para el ajuste. Pagan los de siempre: asignaciones universales y jubilados de hoy, pero sobre todo los jubilados de mañana que son trabajadores de esta hora, y que verán mochados sus ingresos de por vida, en el marco de un proceso que tiende al vaciamiento del sistema solidario de reparto.

 

Las reformas que bajo la presión del resultado electoral de octubre sacó el ceofascismo con el aval de la mayoría de la clase política –en especial el peronismo derechoso– es columna vertebral del modelo: establece como ganadores a los grandes patrones, al sistema financiero y a las corporaciones.

 

Los gobernadores, apretados o conniventes, le pusieron su firma al pacto antifederal, que en La Pampa pretendió ser presentado como “un éxito rotundo”. Esa versión de los hechos duró lo que un pedo en una canasta: quedó comprobado que fue una pirateada en perjuicio de los que menos tienen para garantizarle fondos de campaña a María Eugenia Vidal.

 

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NO HAY UN MANGO, VIEJO. En el Año de La Desgracia los bolsillos comunes fueron especialmente impactados por tarifazos impiadosos, por el rotundo fracaso en la pelea contra la inflación y por paritarias ajustadístimas que garantizan la caída del poder adquisitivo popular (lo que el poder llama “bajar el costo laboral”).

 

Se naturalizó, también, la toma de decisiones por parte de personajes que saltan de un lado al otro del mostrador. Corruptos históricos, compañeros de fechorías del Macri que fue sinónimo de la patria contratista, digitan negociados desde cada rincón del poder: hay una lista interminable de saqueadores seriales y profesionales del lavado, además de CEOS empresariales que ahora defienden su propio interés desde una oficina pública.

 

Macri soltó un concepto fenomenal al inaugurar la fracasada cumbre de la Organización Mundial del Comercio: dijo que había que dejar de lado el interés nacional. Más claro echale agua.

 

Sin embargo, a todo eso que es corrupción se le llama “conflicto de intereses”, o seducción a los inversores. El asqueroso blanqueo de familiares y amigos del poder, la plata sucia metida en cuevas de paraísos fiscales, han pasado a ser simplemente asuntos “dentro de la ley”.

 

En el Año de La Desgracia, la corrupción se ha vuelto definitivamente un espectáculo, una suerte de show K, en el que el gobierno, Clarín y los funcionarios judiciales de la corpo tienen armado un fixture con declaraciones, procesamientos y condenas. El poder se consiguió incluso un Bonadío en el ámbito previsional para garantizar el saqueo que tramaron ejecutivos y legislativos.

 

El Estado de Derecho tambalea, después de años previos en que fueron naturalizando prisiones ilegales y una desembozada persecución a opositores que este año impactó en La Pampa: metieron preso a un exprecandidato a diputado nacional por tirar un huevazo a modo de protesta.

 

En el Año de La Desgracia en que secuestraron otra vez para los acomodados lo que era esa conquista popular llamada “Fútbol Para Todos”, la desesperación por encontrar contracaras deriva en la Selección Argentina, que al menos consiguió una sonrisa con su clasificación para el Mundial de Rusia. En el horizonte está ese 2018, es lo que viene.

 

Saben los quinieleros: así como el 17 es La Degracia, el 18 es La Sangre.

Visto 757 veces Modificado por última vez en Jueves, 28 Diciembre 2017 20:14

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