Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Más en esta categoría: Lastiri consideró un "boludeo" la propuesta de Mendoza sobre el caudal del Atuel Subzona1.4: volvió a declarar Yorio

No a la muerte

Por Publicado Febrero 07, 2018
Valora este artículo
(0 votos)

Por Juan Carlos Martínez

 

En la Argentina no existe la pena de muerte, pero se la ha aplicado de oficio con mucha frecuencia en distintas etapas de nuestra historia.

 

Durante el terrorismo de Estado las ejecuciones se hacían a toda hora del día y en cualquier lugar.

 

Los militares y sus cómplices trataron de introducir la figura de guerra, pero el fallo del tribunal que juzgó a las juntas habló de un plan criminal de las fuerzas armadas.

 

En aquellos a√Īos la pena de muerte se aplicaba de distintas maneras. Las v√≠ctimas tanto pod√≠an caer bajo una lluvia de balas como por efectos de la tortura que se aplicaba en los centros clandestinos de detenci√≥n. Los vuelos de la muerte tambi√©n fueron una forma de aplicar la pena m√°xima de oficio.

 

A√ļn antes del golpe del 24 de marzo de 1976, las patotas de la Triple A hab√≠an cometido cientos y cientos de cr√≠menes con total y absoluta impunidad.

 

En los casi treinta y cinco a√Īos de democracia la pena de muerte de oficio se viene aplicando tanto por las fuerzas de seguridad como por ciudadanos de a pie.

 

Entre el gatillo fácil de los uniformados y el de los justicieros civiles, la Argentina ha abandonado paulatinamente los caminos de la racionalidad política, jurídica y humana para internarse en un callejón de difícil salida.

 

Lo m√°s grave de todo es que el propio gobierno, comenzando por su presidente, est√° justificando, alentando y hasta calificando de h√©roe a un polic√≠a que ejecut√≥ por la espalda a un muchacho de 18 a√Īos que hab√≠a cometido un robo y se daba a la fuga.

 

No menos graves han sido las expresiones de la ministra de Seguridad al sumarse a la apología del crimen mientras anunciaba la intención oficial de modificar el Código Penal para eliminar la figura de la defensa legítima en el caso de las fuerzas de seguridad.

 

O sea, una forma de legalizar el uso del gatillo fácil como en el caso del policía Chocobar sin importarle que hay un juez que tiene en sus manos la causa y la decisión de resolver lo que hasta ahora tiene todas las características de una ejecución.

 

Sin embargo, la muy republicana ministra dijo que ‚Äúel juez que haga lo que quiera, nosotros vamos a llevar adelante la defensa de la acci√≥n‚ÄĚ.

 

Es decir, la defensa del gatillo f√°cil, lo que en buen romance no es otra cosa que defender la pena de muerte.

 

Si algo faltaba para colocar al gobierno de Macri al frente de la ofensiva en favor del gatillo f√°cil y hacer m√°s visible la causa de los justicieros, unas declaraciones del monje negro Dur√°n Barba fortalecieron la idea oficial de imponer, de alguna manera, la pena de muerte.

 

El asesor presidencial acaba de revelar que a tenor de algunas encuestas hechas por el caso Chocobar, ‚Äúla inmensa mayor√≠a quiere la pena de muerte‚ÄĚ.

 

La necesidad de endurecer la represión para enfrentar el creciente descontento popular está llevando al gobierno a preparar el caldo de cultivo para familiarizar a la sociedad argentina con la pena de muerte, sea cuál sea la forma en que se la quiera aplicar.

 

Cada vez que se hablaba de desaparecidos durante la dictadura se hizo carne en buena parte de la sociedad dos muletillas profusamente difundidas por los grandes medios de comunicaci√≥n: ‚Äúpor algo ser√°‚ÄĚ y ‚Äúalgo habr√°n hecho‚ÄĚ, perversas maneras de justificar la falta de compromiso frente a tantas atrocidades.

 

Ahora, cuando se producen hechos como el que protagoniz√≥ el polic√≠a Chocobar, los partidarios de la mano dura ‚Äďno pocos periodistas entre ellos- difunden estremecedoras opiniones como que ‚Äúhay que matarlos a todos‚ÄĚ.

 

Es obvio que cuando hablan de ‚Äútodos‚ÄĚ no se refieren a los que mueven los hilos de la econom√≠a sentados en un c√≥modo div√°n ni a los que comparten el gran saqueo de nuestros recursos naturales y lucran con el esfuerzo de los trabajadores.

 

Es hora de entender que un país que ha sufrido el genocidio de treinta mil personas tiene que apostar a la vida, no a la muerte.

 

Visto 1099 veces

Publicidad
  • "El pueblo aprendi√≥ que estaba solo y que deb√≠a pelear por s√≠ mismo y que de su propia entra√Īa sacar√≠a los medios, el silencio, la astucia y la fuerza". Rodolfo Walsh