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La rosa de la resistencia

Por Publicado Marzo 24, 2018
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por Cintia Alcaraz

 

“Nos enteramos de su historia mientras declaraba en el juicio”, dice Mariana Juncos, hija de Stella Maris Barrios. Stella había sido detenida ilegalmente por el Comando Militar de Sub Zona 1.4, el 7 de abril de 1976. Cuando recuperó su libertad, condicional por mucho tiempo, asumió el silencio por más de 30 años. Recién en 2010, mientras declaraba en el primer juicio a los represores pampeanos, habló. Dijo todo. Visibilizó por primera vez las violencias sexuales a las que eran sometidas las secuestradas por el terrorismo Estado en La Pampa. Le abrió la puerta a una justicia que había tapialado el cuerpo de las mujeres como territorio de devastación.


Ese día fue un cimbronazo para todxs. Más allá de que su mamá había sido una militante comunitaria, comprometida con la niñez desde siempre, la historia propia no era parte de las conversaciones. Tampoco la de su abuela, también detenida y cesanteada por la provincia. Fue el proceso de memoria colectiva el que permitió que Stella recuperara la voz y empezara a compartirla en las escuelas, en los pueblos, en los encuentros de mujeres. Siempre crítica de los discursos sin acto. De las palabras sin cuerpo.


Durante los 90, trabajó en la escuela 78 del barrio Río Atuel. Ahí fundó una biblioteca, armó una pequeña radio escolar y era la organizadora de las peñas para juntar plata. Cuando no existía el CAI, ella abría la escuela el fin de semana para acompañar a los pibes de la barriada. 30 años después, Mariana escuchó a su mamá relatarle la desesperación, la angustia que le provocaba ver que a esas mismas peñas iban los represores que la habían torturado. Tal vez también estuviera entre los bailarines el tipo que la había violado, mientras llevaba una venda en los ojos y las manos atadas, a la vera de un camino entre Pico y Santa Rosa. En los 90, los milicos bailaban chacareras, algunos integraban un ballet muy famoso llamado “Sentimiento” y eran atendidos por Stella en la cantina de esas fiestas. Muchas veces había querido agarrar el micrófono y decirles a todxs que estaban bailando y tomando vino con violadores y secuestradores. Capaz que lo sabían y no les importaba.

 

En los 90, a pesar del olvido político, Stella viajaba a Buenos Aires para acompañar las rondas de los jueves.


Fue Raquel Barabaschi, amiga y compañera de toda la vida, quien la convenció de declarar. También Raquel supo de los tormentos de Stella el mismo día que Mariana, sus hermanos y cada una de las personas que la había conocido. Sin embargo, la mayoría, incluso los más cercanos, eligieron seguir en el silencio. No preguntar sobre el tema. No acompañar ese dolor que empezaba a salir para sanar de verdad. Raquel, Mariana y algunxs pocxs supieron que a Stella no la callaban más.


Mariana es la única mujer de tres hermanxs. Aprendió la militancia desde chiquita en la escuela 78, en las tiras del Atuel. Su hijo de 4 años recorre los mismos pasillos. El primer juicio la encontró con veintitantos y con la necesidad de estar en todas las audiencias, de escuchar los testimonios, de ver las caras de esos hombres que habían truncado las carreras de su mamá y de su abuela, que las habían dejado sin trabajo, sin nada. Hoy se decepciona. Siente que este segundo juicio pasa sin pena ni gloria, con los genocidas en sus casas, con una buena parte de la sociedad que aprueba la impunidad, la desigualdad y el dolor de lxs otrxs. Mariana desea y lucha por un país que no repita su historia, sin genocidas sueltos y sin presos políticos. Por eso, decidió militar en el Frente Peronista Barrial y está genuinamente convencida de que el proyecto nacional y popular transformó la vida política del país, de la provincia y de su mamá, que hasta pudo comprarse una casa en Villa Santillán con la reparación histórica y económica, impulsada por el gobierno de Néstor Kirchner, para víctimas de la Dictadura. Y aunque es una Cristinista desatada, sostiene que el proyecto es mucho más que una persona. Y que Cristina le erró al no habilitar el debate por el aborto legal, porque la salud de las mujeres también es un derecho humano.


En Argentina hay 19 sentencias y 79 condenados por delitos sexuales cometidos durante la Dictadura. En diciembre de 2017, la Cámara Federal de Bahía Blanca confirmó que dos de las cuatro denuncias por abusos sexuales deberán ir a juicio como delitos autónomos concurrentes con las torturas y vejámenes. Una de esas denuncias es la historia de Stella, una pampeana de Morón, latinoamericanista, kirchnerista, hincha de los barrios y de lxs pibxs. Una más de las tantas mujeres que no vieron justicia para sus causas, pero que asumieron las luchas colectivas para que la historia sea distinta. Sin genocidas sueltos. Sin presos políticos.


Marielle Franco, negra, feminista, lesbiana, dijo en uno de sus discursos, antes de ser asesinada, que las rosas de la resistencia nacen del asfalto. De ahí, probablemente, venía también Stella. Una rosa de la resistencia. Una rosa de la resiliencia.

 

Foto: Facebook Frente Peronista Barrial.

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  • "El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza". Rodolfo Walsh