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“Hay un narcoboludeo para perseguir a la gilada y que las policías tengan su tajada”

Por Publicado Julio 22, 2018
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Hay quienes dicen que es una ley de narcoboludeo, porque en parte es eso: perseguir a la gilada y permitir que las policías provinciales tengan algún tipo de tajada”. Es Emilio Ruchansky el que resume la tendencia a la llamada “desfederalización” que permite que las policías y justicias provinciales se pongan a perseguir delitos vinculados con el consumo de drogas.

 

Esa “desfederalización” es especialmente impulsada por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. El exministro Juan Carlos Tierno la propició con fuerza. Su sucesor Julio “Tato” González no ha dicho nada públicamente sobre el tema, pero llamativamente viene propagandizando con energías cada operativo que se hace, en el mismo estilo que Tierno.

 

Ruchansky es un periodista especializado en el tema. Escribió el libro “Un mundo con drogas”. Y pasó por La Pampa en los últimos días, donde presentó su disertación en el marco de la jornada de información y divulgación sobre cannabis. En un panel moderado por Cintia Alcaraz (Asociación Civil El Ágora-Radio Kermés), derribó mitos y advirtió sobre los vicios de los grandes medios de comunicación para tratar el tema.

 

En una entrevista con La Kermés de los Sábados soltó algunos conceptos vinculados con la problemática:

 

“Se ha complejizado a partir de la llegada de Bullrich al Ministerio y del secretario (Eugenio) Burzaco, que tiene un recorrido de apoyo a ‘la guerra a las drogas’. Está el fenómeno de las desfederalización, que permite a las provincias perseguir delitos menores de drogas. Se declaró inconstitucional en Córdoba y en Buenos Aires. Hay quienes dicen que es una ley de narcoboludeo, porque en parte es eso: perseguir a la gilada y permitir que las policías provinciales tengan algún tipo de tajada”.

 

“En realidad es inventar la tajada, porque como se persigue al comercio minorista, a cultivadores, lo que pasa es que aumenta la población carcelaria. Eso pasó en la provincia de Buenos Aires, que fue la primera en adherir. Y se crea una cajita nueva para la Policía provincial, que antes elevaba este tipo de hechos a la Justicia Federal, que generalmente desechaba el caso rápidamente”.

 

Bullrich tiene una mirada por momentos incluso ridícula sobre las drogas en general, ha dicho cosas incomprensibles y todo el tiempo monta shows. En el gobierno anterior en la provincia pasaba algo parecido con (Daniel) Scioli y (Ricardo) Casal, que se sacaban fotos con la droga, la balancita y los billetitos que eran de 2 pesos. No tienen vergüenza en sacarse esa foto. Le dan de comer a mucha gente también, ese es el problema”.

 

Las drogas son una caja de la Policía, es así. No es ninguna novedad. Hay mucha plata. Y es una caja de las comunidades terapéuticas, del sector de seguridad que vende armas, cursos o narcotest; hay toda una cadena alimentaria que es muy difícil. La Iglesia no me la voy a olvidar tampoco. El debate de todos modos no es imposible, y si hay una masa crítica las cosas pueden cambiar, pero con la droga es muy difícil, porque es fácil asustar a la gente cuando se debate el tema”.

 

“Mi expectativa es informar, mostrar errores –si es que lo son- en la prensa. Sobre todo cuando se dice que ‘la droga mata’ o ‘la droga avanza’, subjetivamos a las drogas y en el mismo acto objetivamos a los consumidores. Les quitamos derechos. Si personificamos a las drogas estamos diciendo que las personas son esclavas de las drogas y todo ese etcétera que es una lógica antiderechos que avala por ejemplo las internaciones compulsivas donde la palabra de la persona no tiene ningún peso. Hay mucha violación a la intimidad de personas que están bajo algún proceso penal por drogas, o con algún tema médico. Hay ejemplos muy claros”.

 

“En Argentina en 2012 tuvimos un acuerdo del activismo cannábico con tres dirigentes de tres fuerzas: Ricardo Gil Lavedra, Victoria Donda y Diana Conti. Con estos referentes y buena parte de los diputados presentamos un proyecto para la despenalización de la tenencia para consumo personal y además para bajar las penas de la tenencia simple, que hubiera ayudado mucho respecto del fenómeno de prisionalización que involucra especialmente a las mujeres. Se permitía el autocultivo también”.

 

“Eso no salió: lo frenaron entre otros el lobby de las comunidades terapéuticas pero también la Iglesia Católica a partir del padre Pepe (José María Di Paola), que dijo que no era momento de despenalizar, que ese era un planteo de la clase media. Es más o menos lo que dijo también sobre el aborto. Yo vengo advirtiendo sobre los curas villeros, sobre su paternalismo. Hemos escuchado las barbaridades en medio del debate por el aborto y quizás más gente ha cobrado conciencia. Hay referentes a favor (del proyecto general), pero sigue siendo algo marginal. A partir de la apertura del debate del aborto se escuchan algunas inquietudes en relación al cannabis incluso en la bancada oficialista”.

 

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