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Una lucha entre la decrepitud y lo que se viene

Por Publicado Agosto 09, 2018
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Por Juan Pablo Gavazza

 

Hubiera resultado el colmo de las paradojas -aunque suelen ocurrir- que tan luego se aprobara la legalización del aborto bajo el gobierno que más derechos ha recortado desde el regreso de la democracia.

 

El macrismo instaló el debate para zafar de que otros temas ganaran terreno en la opinión pública, pero su conservadurismo extremo está expresado en sus principales referentes: Mauricio Macri, Gabriela Michetti, María Eugenia Vidal, Elisa Carrió, Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta y Federico Pinedo están en contra de ese avance.

 

El radicalismo se rebeló, una vez más, como más representante de la derecha tradicionalista que del progresismo institucional. Lo mismo sucedió con el peronismo "racional", como gusta de calificarlo el oficialismo.

 

Resultado: la mayoría del Senado renegó del aborto legal para garantizar el actual escenario de aborto clandestino y fatal. Festejaron la muerte de mujeres pobres.

 

El debate, seguido por millones de personas, dejó al desnudo qué Senado existe: una Cámara Alta plagada de personajes de dudosa capacidad, flojos en la argumentación, de ideología cavernaria, en su mayoría de edades avanzadas, incapaces de entender lo que pasa en la calle y entre las pibas y los pibes.

 

Algunos discursos chorrearon machismo y berretada: argumentaciones inconcebibles, salidas de la máquina del tiempo, contrastaron desde ya con otras exposiciones oportunas, justas, impecables.

 

Pero en rasgos generales, hay una enorme distancia entre la calle y el palacio: la decrepitud de la mayoría del sistema político, su decadencia estancada, no percibe ni lo que está en juego ni lo que asoma imparable.

 

Esa pelea entre lo nuevo y lo viejo, que es finalmente la pelea de toda la historia, encierra también el riesgo de una restauración, como ha ocurrido frente a otros temas y derechos en los que el país avanzó para después retroceder. Hay ejemplos frescos y en el archivo.

 

Cuando el macrismo instaló el debate, los poderes más concentrados supusieron que sería una cortina de humo pasajera, apenas un distractivo para las masas. Pero se disparó una movilización popular impensada, de la mano de una nutrida y formadísima masa crítica, que resonó en las comisiones legislativas y tuvo eco en cada provincia, en talleres, organizaciones, encuentros y plazas. Esa "ola verde" que se hizo visible era el fruto de un trabajo de años, especialmente de los movimientos feministas que en ese proceso trabajaron también en el desierto, contra poderes sordos.

 

La media sanción generó una reacción: los grupos conservadores -con las iglesias en primer plano- se abigarraron e iniciaron una ofensiva incesante. El resultado de la votación en el Senado representó ese lobby: se dilató la discusión, se dejaron correr varias semanas para apagar el entusiasmo de la ola verde y cooptaron a los senadores y senadoras suficientes para que se garantizara la marcha atrás.

 

La mayoría de quienes se metieron en la discusión o siguieron el debate consideran desde el optimismo que de todos modos será ley; que más temprano que tarde se formalizará la interrupción voluntaria del embarazo.

 

Para eso tendrá que pasar un tiempo, tendrá que renovarse la Cámara caverna, después vencer un hipotético veto y más tarde ganar la pelea judicial. No es un camino sencillo, pero la pibada tiene de su lado no solo la razón, sino también la vitalidad y el entusiasmo de la juventud.

 

No está mal, de todos modos, poner un ojo atento a las reacciones de los antiderechos, que no son pocos, que ya se han demostrado violentos y tenaces en su presión, y que son capaces de instalar un clima restaurador, que implique incluso más persecución, más estigmatización y más muerte.

 

Visto 881 veces Modificado por última vez en Jueves, 09 Agosto 2018 09:10

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  • "El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza". Rodolfo Walsh